La hermosa locura


La hermosa locura

 

Hay noches

en las que escribir

se convierte

en mi manera favorita

de habitar el silencio.

 

El mundo

parece detenerse

por un instante,

las horas caminan

más despacio

y entre pensamientos,

recuerdos y sueños,

descubro que las palabras

también tienen alma.

 

A veces siento

que escribo desde un lugar

más profundo que la razón,

como si el corazón

tomara suavemente mi mano

y comenzara a contar historias

que ni siquiera

sabía que guardaba.

 

Es entonces cuando entiendo

que hay sentimientos

tan nobles y llenos de luz

que nacieron

para convertirse en versos.

 

Escribo muchas cosas

que no suelo mostrar,

no porque tema

que sean leídas,

sino porque algunas emociones

son tan íntimas

que merecen

quedarse resguardadas

en el rincón más sincero

de mi alma.

 

Al fin y al cabo,

las conversaciones

más importantes de la vida

son aquellas que tenemos

con nosotros mismos,

cuando nos atrevemos

a escucharnos sin máscaras

y a abrazar

lo que realmente somos.

 

Le escribo a los sueños,

a esos sueños

que algunos llaman imposibles,

otros, ingenuos,

y unos cuantos, infantiles.

 

Pero ¿qué sería de nosotros

si dejáramos de soñar?

 

¿Qué sería del mundo

si renunciáramos a imaginar

horizontes más hermosos,

a creer que siempre existe

una forma mejor de vivir,

de sentir y de amar?

 

Tal vez,

los que soñamos demasiado

tenemos la maravillosa costumbre

de mirar la vida

con el corazón abierto,

encontrar belleza

donde otros solo ven rutina,

descubrir esperanza

donde otros encuentran límites,

seguir creyendo en las personas,

incluso cuando el mundo

insiste en enseñarnos lo contrario.

 

Porque sí,

sigo creyendo que la gente

puede transformarse,

que los errores

no tienen por qué

definir una historia,

que una palabra amable

puede cambiar un día entero

y que un gesto nacido del amor

puede iluminar caminos

que parecían perdidos.

 

Sigo creyendo

en los abrazos

que llegan a tiempo,

en las miradas

que hablan

sin necesidad de palabras,

en las almas

que se reconocen

incluso antes de encontrarse.

 

Sigo creyendo

en esa clase de amor

que no encadena,

sino que libera;

que no exige,

sino que inspira;

que no ocupa espacios,

sino que los llena de significado.

 

Quizás por eso escribo,

porque cada palabra

es una manera

de conservar la esperanza,

de recordarme que todavía

existen motivos para sonreír,

para creer, para emocionarse

con las pequeñas cosas.

 

Y mientras haya

un sueño por imaginar,

una emoción por sentir

o un corazón dispuesto

a amar con sinceridad,

seguiré escribiendo,

porque, después de todo,

la más hermosa locura

en esta vida no es soñar.

 

La más hermosa locura

es seguir creyendo todavía,

que el amor puede hacer del mundo

un lugar de luz y poesía.

 

Giampiero Posa

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