Acto II: La elección
Y aun así… siempre te elijo,
sin pausa y sin condición,
porque amar no es soltar,
es sentir la vida infinita
desde el principio de una razón
que justificada o no justificadamente
vive en la eternidad del corazón.
Caminamos al mismo ritmo,
sin prisa y sin temor,
descubriendo en cada paso
la verdad de un amor,
donde no existen promesas,
existe respeto y paz interior.
El amor no encierra,
el amor enseña a caminar,
es un lazo que no aprieta
que nunca dejar de presente estar,
sosteniendo en lo invisible
y volviéndonos a levantar.
Por eso, mi mano entre la tuya está,
sin esfuerzo y sin dudar,
diciendo tanto incluso en un silencio
que no hace falta explicar,
porque hay seres que desde el alma
nacieron para siempre juntos estar.
Viva la energía entre nosotros,
sin distancia ni final,
como al fuego que no apaga
ni el mayor y temido vendaval,
en un vuelo compartido,
donde cada experiencia es principio
sin que exista un final.
Y cuando caiga la noche
y el mundo invite a parar,
mis brazos seguirán siendo un abrigo,
para que te sientas
como quien vuelve a su hogar,
abrazada, acompañada,
en un lugar para sanar y soñar.
Giampiero Posa
