Acto I: El refugio
Mi casa es la tuya,
sin prisa ni condición,
porque en cada rincón
vive tu nombre y aroma,
calmándo mi silencio,
e iluminando mi ilusión.
Cuando el mundo más pesa,
el día más largo se hace ver
y el alma quiere parar,
mis brazos son el refugio,
donde el tiempo se torna suave
y todo vuelve a comenzar.
Mi pecho es tu descanso,
un lugar de paz y abrigo,
donde el miedo se hace pequeño
y en ese espacio tan nuestro,
el latido es compartido
cobrando un mayor sentido.
Caricias que no exigen,
besos que saben entregar,
palabras que hacen magia
en esos instantes,
donde las promesas de vida
se vuelven eternas al amar.
Y así, paso a paso caminamos,
juntos, sin ruido y sin condición,
tejiendo en simple lo profundo,
de un amor que con ternura y razón,
se siente inmenso en el corazón.
Giampiero Posa
