Miradas que se pierden

Miradas que se pierden

 

Olvidar el jardín

que ya florecía,

persiguiendo el brillo

del espejismo

de lo que no conocía,

mientras la luz

que a su lado caminaba

hacía silencio

en propia compañía.

 

No es el saludo,

la cortesía,

ni la alegría de compartir;

es esa necesidad ególatra

de ser horizonte

para todos los ojos,

excepto para aquellos

con los que un día

acordó construir.

 

Extraño resulta

buscar aplausos

en cada esquina,

cuando el mayor privilegio

era conservar intacta

la admiración

de quien estaba

y la quería.

 

Porque el amor

no suele romperse

por grandes tormentas;

se desgasta

entre pequeños gestos,

prioridades cambiadas

y el brindis que olvida

su primer destino,

por buscar atenciones

que toman otro camino,

a pesar de exigir

exclusividad, tiempo,

prioridad y devoción,

como si aquello que se exige

siempre se ofreciera

con alguna condición.

 

Quien, al final,

vive buscando

todas las miradas,

corre el riesgo

de perder la única

que, con el corazón,

siempre lo vivía

contemplando.

 

Giampiero Posa

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