Grietas
Cuando el corazón
comienza a agrietarse,
nacen ausencias
vestidas de silencios
que pesan más
que cualquier palabra.
Heridas invisibles,
escondidas
detrás de sonrisas,
disfrazadas
de miradas perdidas,
en un abrazo
que jamás se sintió.
Hay dolores
que no hacen ruido,
pero cambian
para siempre,
la forma en la que
el alma respira.
Después de la grieta,
no volvemos
a ser los mismos,
el corazón
aprende a romperse,
a sentir más profundo,
a abrazar con más fuerza,
a amar con una ternura
que solo conocen
quienes han atravesado
ese dolor.
Las grietas
nunca son el final,
son el lugar
por donde la esperanza
encuentra el camino,
la rendija por donde
se cuela la luz
que hace
que un corazón herido
sea capaz
de volver a florecer.
Giampiero Posa
