Pétalos
Jardines
que florecen,
mientras internamente
sus raices
aprenden en silencio,
el antiguo oficio
de no quebrarse.
Nadie ve grietas
en una corteza,
el tronco aprende
en soledad a sostenerse,
mientras por dentro
su eco enmudece.
Un peso sin nombre,
en el pecho se extiende,
una sombra que sólo
respira conmigo,
mientras los días
pierden su forma,
volviéndose distancia
que en desvelo transforma.
La voz se recoge,
hablar es un esfuerzo,
donde cada palabra
nace cansada,
antes de ni siquiera
poderla entonar.
Todo lo cercano
se aleja en silencio,
se disuelve sin ruido,
se vuelve espeso,
entre pensamientos
que no encuentran salida.
El pulso permanece leve
e insistente
no abandona su lugar,
no es el viento, la lluvia,
ni la noche la que duele,
duele la sombra del olvido,
las manos invisibles
sosteniendo el cielo
cuando todo parece prohibido.
Que al menos el viento,
conserve la memoria
de aquello que fue entregado,
sin medida, sin cálculo,
sin esperar más recompensa
que el simple milagro
de no ser olvidado.
Giampiero Posa
