Por Mariano Palazzo, Julio 2026
Aguanta amor ¡Aguanta! allí donde se necesite la esperanza vuelve a empezar ¡no estás solo! Yo te espero ¡aquí estoy!
https://www.youtube.com/watch?v=LS3yh76PYDU
Hay dolores tan profundos que parecen enmudecer la tierra, tragedias que despojan el paisaje y amenazan con quebrar el espíritu, pero es precisamente en el epicentro de la sombra donde la verdadera naturaleza humana emerge con su fuerza más pura. Esta canción no nace como un simple ejercicio creativo ni para servir de adorno; nace como un rastro de luz en mitad del polvo, un puente sonoro construido para abrazar a quienes hoy sostienen una espera desgarradora y para honrar a los valientes que no descansan en las labores de rescate. La fe, en estas horas críticas, no es la ausencia de miedo ni una postura pasiva; es la fuerza terca que nos hace golpear la piedra esperando una respuesta, la certeza absoluta de que ninguna vida puede quedar en el olvido. La reconstrucción de la esperanza empieza por el rechazo rotundo a dejar a alguien solo, entendiendo que la solidaridad no es un acto aislado, sino el lazo que nos mantiene unidos cuando el suelo se quiebra. Estas notas son un tributo a la resistencia colectiva, un ruego hecho música que viaja hacia el subsuelo y se convierte en la promesa comunitaria de que, si una voz llama en la oscuridad, el mundo entero se movilizará para ir a su encuentro. “Aguanta, amor, aguanta” / Patricia Aloy.
Las 18:04:33, hora legal de Venezuela, del 24 de junio up, quedará registrada en la historia venezolana y mundial por los inéditos eventos sísmicos que sacudieron, uno tras otro, y con un muy corto lapso de tiempo (39 segundos), entre el primero de 7.2 y el segundo terremoto de 7.5, siendo hasta ahora el único caso registrado en Latinoamérica con estas características; así como las más de mil réplicas (al momento de escribir este artículo), de mayor y menor grado, que se subsiguieron en los días posteriores y que afectaron la región centro-norte costera del país con epicentro en las ciudades de Yumare, estado Yaracuy y Montalbán, estado Carabobo, donde ocurrieron importantes colapsos estructurales, siendo además significativamente más afectados, que incluyeron víctimas fatales, los estados Falcón y Aragua (con un edificio derrumbado completamente en cada uno), pero aún peor en el estado Miranda (con 3 edificios completamente colapsados) y Distrito Capital (con 5), pero sobre todo en el estado La Guaira (antiguo estado Vargas) donde la devastación fue casi total en algunos sectores como: Catia La Mar, Macuto, Caraballeda, Los Corales, Tanaguarena, entre muchos otros, derrumbándose completamente al menos 180 edificios.

Imágenes dantescas, dramáticas historias, pánico absoluto y desbordado fue lo que vivimos y experimentamos. Personalmente nunca había entrado en un tal estado emocional de temor, de extravío, de sensación de vacío, y no fue por la agitación misma del temblor, porque en realidad ya varias veces a lo largo de mi vida había vivido esa sacudida de impotencia cuando la tierra tiembla. Pero algo ese miércoles sucedió dentro de mí, en el mismo momento que todo se jamaqueaba sentía que dentro de mi alma, en el momento mismo que el edificio trepidaba, algo en mi ser se resquebrajaba, en un in crescendo que subió como la espuma, llegando a experimentar pánico cuando todo intento de contactar a mi esposa y mi progenitora resultaba infructuoso… y el desespero por salir corriendo, el de tener conocimiento, se apoderó de todo mi cuerpo… en el trayecto otras cosas pasaron que acrecentaron mi estado…
Por supuesto, luego del primer momento y habiéndome reencontrado con mis familiares, supuestamente más sosegado y tratando de entender algo, me sumerjo a revisar las redes para estar informado, o desinformado según se quiera ver, lo cierto es que eso que arriba al inicio describí se multiplicó por mil, ya que comencé a leer los testimonios de tantas y tantas personas que compartieron mis emociones, pero peor aún los terribles y trágicos testimonios de los que perdieron todo, y no hablo solamente de lo material, que ya es un golpe duro de sobrellevar, sino lo aún más devastador que es perder familiares, amigos y seres queridos en un momento y para siempre; o peor aún el mismo desespero infernal de la esperanzadora búsqueda final por encontrar a quien pudiese con vida aún estar.
Es que, en la medida que pasaban las horas, que se sucedían los días, que llegaban las noticias, el estado de conmoción fue total, y mi ser entró en una completa sensación de sedación, estaba allí, sí, pero actuando casi por inercia, bloqueado para hilvanar con coherencia un plan, sencillamente accionaba casi en automático, apoyaba ante el llamado, respondía si me pedían, hacía presencia física, en lo posible tendiendo una mano, colaborando de alguna manera, bien sea con el Comité de la Sociedad Dante Alighieri y la Casa de Italia de Maracay, con Fillos de Galicia y la Asociación Emilia Romaña de Aragua, con la Voce D’Italia y la RAI Italiana, con la Federación de Asociaciones Ítalo Venezolanas o incluso con los Templarios, tratando de reconstruir un camino, dando un paso a la vez, pero con la mente en modo stand by… siendo testigo sorprendido de lo que veía pero con el alma decidida para ayudar.

Es muy complicado de explicar, difícil de entender; de hecho, aún sigo sin comprender y la sensación de vacío persiste… Con el camino totalmente extraviado y como siempre hago, desde hace ya algunos años, sobre todo después del 750 aniversario de su autor, me refugio buscando respuestas y consuelo en un extraordinario escrito, también bautizado como Poema Sacro que, como si fuera un milagro, logra siempre restablecer el norte de mi brújula existencial para levantarme y volver a transitar por el trayecto que, como siempre e inevitablemente, inicia por el infierno, para subir luego al monte dichoso y, finalmente, volar hasta la luz divina.
Por supuesto lo primero que siempre hago cuando comienzo a leerlo es una catarsis personal, para tratar de sacar de adentro mis demonios y purgar mis dolores, por eso esta vez comienzo por buscar, cuantas veces la palabra MIEDO encuentro, en los 14233 versos que componen la Divina Comedia. Coloco en el buscador el término en italiano: PAURA, arrojándome como información que en las tres cánticas que conforman la obra aparece enunciada directamente la palabra, lo cual me deja un poco sorprendido porque no me imaginaba que también en el paraíso el peregrino experimentase esa sensación.
Queriendo saber más, leo que el diccionario de la lengua española de la Real Academia define el miedo como la pasión del ánimo, que hace huir o rehusar aquello que se considera dañoso, arriesgado o peligroso. Al revisar esta descripción, y leyendo los tres cantos de la tercera cántica donde aparece la palabra, me doy cuenta de que en uno sólo de ellos corresponde al estado de ánimo que el peregrino estaba experimentando. Es decir, en la triada conformada por los cantos 11, 15 y 26, en los dos primeros la palabra temor se utiliza para describir una situación ajena a Dante, ya que en el onceavo canto el miedo se refiere a la sensación que, sobre el mundo entonces conocido, inspiraba el emperador, y dictador romano, Julio César, mientras que en el quinceavo canto el término forma parte del discurso que el ancestro cruzado de Dante Alighieri, Cacciaguida, hace para describir los tiempos pasados felices de Florencia.
Mientras que en el canto veintiseisavo ¡sí! se describe el propio temor de Dante por haber quedado ciego… pero antes de continuar, quiero resaltar el hecho de que se trata del cielo de las estrellas fijas, el lugar donde nuestro viajero estelar es interpelado acerca de la caridad, por el mismo san Juan, y es para mí muy significativo esto, ya que la catástrofe recién ocurrida en el país sucedió precisamente el día que se estaba celebrando en Venezuela La Noche de San Juan, una festividad cargada de misticismo que fusiona tradiciones religiosas (el nacimiento de San Juan Bautista) con ritos paganos con raíces afrovenezolanas de purificación, ya que marca el solsticio de verano en el hemisferio norte y el de invierno en el sur.

La víspera, es decir la noche del 23 de junio, se realizan velorios donde se le canta al santo hasta el amanecer y se realizan rituales de purificación con agua y fuego, mientras que el 24 de junio, se lleva a cabo una misa solemne para luego salir con el santo en procesión por las calles, donde los bailadores lo reciben con pañuelos de colores al ritmo de los tambores. Los estados de la costa: Aragua, Carabobo, Miranda y La Guaira, se llenan de repiques pronunciando continuamente el lema popular: Si San Juan lo tiene, San Juan te lo da, una frase muy usada por los devotos para pedir favores y bendiciones.
Todo esto sumado al hecho de que el 24 de junio, en la República Bolivariana, se festeja como fecha patria porque se recuerda la batalla de Carabobo, una de las principales acciones militares de la guerra de Independencia que se llevó a cabo en el año 1821, por lo que la gente estaba de asueto y tradicionalmente pasa el día en la playa.
Es inevitable recordar que, en Venezuela, el 26 de marzo de 1812, Jueves Santo y con el pueblo congregado en las iglesias, ocurrió uno de los desastres más graves de la historia del país; justo durante la guerra de independencia, un terrible terremoto destruyó varias ciudades de las provincias de Caracas, Barinas, Mérida y Trujillo.
Eran las 16:05 horas cuando empezó un remezón de tierra que duró 26 segundos, al final de este, los edificios estaban en ruinas y miles sepultados; en La Guaira no quedó edificación en pie, a excepción de la casa de la Aduana y las murallas. La reacción inmediata de la gente fue de consternación. En las plazas públicas se reunían grupos de sobrevivientes a suplicar de rodillas a cielo, mientras otros movían los escombros para rescatar a los familiares y amigos que gemían pidiendo ayuda. La situación sólo empeoraba por las constantes réplicas: no había medicinas, alimento ni provisiones, por lo que el gobierno federal declaró la ley marcial para impedir saqueos y ordenó quemar todo cadáver que se encontrara para evitar una epidemia de cólera. Se cree que un epicentro estuvo en el mar Caribe, entre el archipiélago de Los Roques y la costa de La Guaira, y tuvo una magnitud de 6.3; otro entre San Felipe, Barquisimeto y El Tocuyo de 6.2; y un tercero de 7.0 al sur del lago de Maracaibo, en la cordillera de los Andes.

En todo caso, regresando al paradisiaco canto, decía que Dante estaba confuso ya que había quedado ciego por culpa del resplandor que emitía san Juan, quien solicita al peregrino a aprovechar ese momento de su ceguera, de dificultad, para empezar a reflexionar, a entender, a escudriñar el fondo de las cosas. Nuestro viajero recobra la calma para responder la pregunta: ¿Hacia dónde se dirige tu alma? Franco Nembrini, uno de los más acreditados dantistas contemporáneos, responde que esa es la pregunta de la vida: ¿Cuál es la finalidad de mi existencia y de todo ser? Sin dudar Nembrini contesta que, el punto en que se apoya el alma es siempre el amor y por eso al hacer el bien, por su propia naturaleza, este suscita amor, y cuanto mayor es, más amor suscita.
Eso mismo fue el comportamiento del pueblo venezolano, quien se entregó como nunca a tender una mano sin pensarlo, desde el mismo primer momento casi 29000 voluntarios civiles, más de 30000 funcionarios públicos, de las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del estado, se volcaron y llegaron hasta la zona cero para ayudar a levantar escombros y rescatar la mayor cantidad de personas posibles, así como asistir a los sobrevivientes. Una respuesta que fue decididamente soportada por la comunidad mundial que, no dudó ni un instante, ante el llamado del Gobierno Central, enviar más de 4000 rescatistas especializados de 145 países (34 de América, 43 de Asia, 19 de África, 46 de Europa, 3 de Oceanía) así como 31 organismos internacionales y multilaterales, para atender la emergencia y rescatar la mayor cantidad de vidas.
Para destacar sin duda alguna, los perros de rescate que cada grupo, incluyendo los de Venezuela con Tsunami a la cabeza. Se contabilizaron 151 unidades caninas que detectaron un número significativo de seres humanos que pudieron ser felizmente rescatados.

Siguiendo nuestro recorrido dantesco continúo bajando hacía los otros dos escenarios ultramundanos narrados en la Divina Comedia, pero antes reviso también que son varios los sinónimos que pueden ser utilizados para describir el MIEDO, según la situación que uno esté experimentando, es así como podemos ir desde un simple sobresalto pasando por un sentido de alarma, susto, estremecimiento, terror, horror, espanto, pavor hasta el mismo pánico.
En todo caso, y como era lógico esperarlo, durante el ascenso del monte purgatorio el autor del poema medioeval utiliza más veces el término y es así como, en el segundo canto de la segunda cántica, el miedo por Dante experimentado puede interpretarse como un sobresalto colectivo por verse ellos sorprendidos, distraídos y olvidándose del camino que tenían que hacer, hasta que el anciano venerable apareció diciendo: ¿Qué es esto, espíritus tardos? ¿Qué olvido, qué descuido es este? Seguidamente, el miedo que experimenta el peregrino es de estremecimiento al no encontrar, rápidamente, la sombra de su guía, preguntándose ¿Cómo habría seguido adelante sin él? ¿Quién me hubiera llevado por la montaña? Llenándolo de incertidumbre.
Es un poco lo que caracteriza a la cultura moderna que es hija de la duda universal que Descartes proyectó sobre la realidad, afirma Nembrini y continúa diciendo: es la consecuencia de que nuestros hijos no quieran levantarse del sofá porque son presa de un terror de borracho, todo les amedrenta. Por eso es interesante como se interpreta el miedo de este noveno canto, que se describe como aquel que nace de la soledad, e invita a reconocer que uno no está solo, que siempre una mano amiga puede tirar de nosotros hacia arriba.
En el treceavo canto el miedo de Dante es más bien una especie de auto alarma cuestionando su propia forma de ser, donde reconoce que su verdadero pecado es la soberbia: Mucho mayor es el miedo que suspende mi alma ante el tormento de abajo, que ya me está pesando la carga que allí he visto; por eso de alguna manera durante su tránsito por estas terrazas entendemos que siempre necesitamos que alguien a nuestro lado nos recuerde continuamente quienes somos.
Eso mismo es lo que lo salva de caer en el pánico más absoluto cuando siente el terrible terremoto que sacude la montaña. El peregrino en estado de pánico luego que percibió como una cosa que se hunde, sintió temblar el monte, invadiéndole un frio como el que asalta a quien va hacia la muerte… hasta que escucha la voz de su guía diciéndole: no temas mientras yo te guie. De esta manera, permanece inmóvil y en suspenso, y al cesar el movimiento telúrico, reanuda el camino, mirando a las sombras que yacían por tierra en llanto sintiendo un deseo incontrolable por entender lo ocurrido. Así sigue avanzando, mientras le pide explicaciones al poeta Estacio, quien le aclara la razón de ese terremoto, y es aquí donde Dante, atemorizado porque sus palabras pudiesen molestar a su guía latino Virgilio, es reconfortado por este induciéndole a que no tuviera miedo de hablar y sacar todo su malestar. Por eso yo tampoco dudo en precisar que algunos especialistas indican que el terremoto de junio up en Venezuela, fue treinta y dos veces más potente que el terremoto de 1967 en Caracas o el equivalente a 260 bombas atómicas como la de Hiroshima… números que explican por sí solos la magnitud del desastre ocurrido en la franja centro costera del país.

En todo caso, en el siguiente canto, la descripción que hace el autor del miedo se refiere más bien al que experimenta esta vez el poeta Estacio, y tiene que ver más al temor que el poeta latino sintió al convertirse al cristianismo y por lo tanto a quedar expuesto, a ser objeto de burlas, a la marginación, cuando no a la violencia misma. Ya en el canto vigesimonoveno, nuevamente el miedo de Dante se manifiesta por la presencia, en la peregrinación santa, de una espada brillante y aguda en manos de san Pablo, quien se encontraba al lado de san lucas.
Por último, el miedo que experimenta en el canto trigésimo es el de temor al abandono, porque luego del estupor por la energía que sintió por la gran fuerza del antiguo amor, al percibir la llegada de Beatriz, el peregrino, al igual que un chiquillo corre hacia su madre cuando tiene miedo o cuando está afligido, así corrió él hacia Virgilio para decirle que reconocía las señales de la antigua llama, pero se da cuenta que su guía, que lo acompañó por todo el largo camino hasta allí recorrido, se había ido, por lo cual rompe en lágrimas que solo logra detener su Beatriz Amada, cuando lo reprocha, mencionando por primera y única vez su nombre en todo el poema, pasando Dante del llanto a la vergüenza. Regaño que continúa en el siguiente canto, donde Beatriz lo sigue interpelando para que confiese sus pecados. Finalmente, la confusión y el miedo experimentado por el peregrino, le arranca un muy débil ¡sí! para inmediatamente, abrumado por completo por la pesada carga, sucumbir rendido entre lágrimas y suspiros.
La Divina Comedia de Dante Alighieri es un viaje de introspección y descubrimiento personal, por lo que puede interpretarse de múltiples y diversas maneras, una de ellas, como estamos viendo, es siguiendo un recorrido por los diferentes tipos de miedo que un ser humano puede desarrollar y enfrentar a lo largo de su existencia. Ya leímos como en el Paraíso, y sobre todo en el Purgatorio, nuestro peregrino experimenta diversos grados de recelo, según las circunstancias y el momento que estaba viviendo, pero es en el infierno donde esta emoción se manifiesta con toda su fuerza, y lo hace con matices realmente dramáticos; de hecho, es a lo largo de este periplo infernal donde la palabra temor, aparece directamente más veces expresamente enunciada y evidenciada a través de todos sus sinónimos, llegando a nombrarse incluso en el primer canto hasta en cinco oportunidades.
En todo caso, a mí no me quedan dudas que el 24 de junio up, y los días sucesivos, se desató un verdadero infierno en la tierra, en Venezuela, en Yaracuy, Falcón, Carabobo, Aragua, Distrito Capital, Miranda y La Guaira con casi 1000 edificios afectados y miles de fallecidos y muchos más desaparecidos. Este viaje junto a Dante nos permite recorrer emocionalmente esos momentos, y experimentar a través de la lectura, lo que cada uno de nosotros vivió durante todo estos últimos tiempos; es que, en el mismo inicio del viaje ultramundano, el peregrino Dante, manifiesta un terror absoluto, tanto físico como espiritual: la oscuridad total de la selva densa, y en nuestro caso del concreto aplastado, el extravío del camino, y en nuestro caso aquel que estaba lleno de edificios, y por supuesto el acecho inminente de la muerte: ¡que penoso es decir cómo era aquella selva tupida, áspera y salvaje, cuyo recuerdo renueva el pavor! Pavor tan amargo, que dista poco de la muerte… entonces se calmó un poco el miedo que había agitado el lago de mi corazón durante aquella noche tan penosa… de tal modo que muchas veces hui para volver otras tantas… más no sin que me diese pavor también un león que se me apareció a mi vista… y una loba que había causado ya la desgracia de mucha gente, me dio tanta pesadumbre con el espanto que su vista provocaba, que perdí la esperanza de alcanzar la cima…
En el canto II, el miedo da un giro radical. Es decir, ya no se trata del terror físico ante bestias salvajes como las que consiguió antes, sino que se trata de un profundo miedo psicológico donde la cobardía, la duda y el sentimiento de inferioridad (la vileza) se apoderan de él, es decir lo desborda el peso de la responsabilidad y se acobarda por ello: yo no soy Eneas, ni Pablo, ni yo ni nadie me cree digno de esto.

Vencidos esos dos temores, en el canto tercero el miedo se transforma en un pavor anímico y auditivo absoluto. Ya no se enfrenta a la soledad de la selva ni a sus propias dudas, sino a la brutal realidad de la pérdida definitiva de la esperanza y el encuentro con lo sobrenatural. Es el círculo donde las almas sufren una pena indescriptible: aúllan y se lamentan sin parar… sombrías palabras vi escritas en el dintel de una puerta y al verlas dije: maestro: su significación me espanta… Maestro ¿qué es lo que oigo y qué gente es esta, vencidas así por el dolor?
Otro tipo de miedo es el que experimenta el peregrino en el círculo sucesivo, un sutil cambio, pero significativo y profundo. La agitación del peregrino no nace del miedo a monstruos o tormentos físicos, sino de una intensa angustia intelectual y teológica sumado a la duda que lo embarga al ver el rostro de su guía: ¿Cómo podré avanzar, si tú, que sueles confortarme en mis vacilaciones, tienes miedo? Le pregunta el peregrino a lo cual el poeta latino responde: Es la angustia por los que están aquí la que se me pinta en la cara, y esa piedad es la que tú confundes con el temor.
En el siguiente círculo las angustias de Dante Alighieri alcanzan una de las cumbres más dramáticas de la obra. El poeta se enfrenta por primera vez a una experiencia directa donde siente profunda piedad: Mientras que un espíritu decía esto, el otro lloraba de tal modo que de piedad sentí un desfallecimiento de muerte y caí como los cuerpos muertos caen. En la siguiente zona, custodiada por Cerbero, el peregrino se espanta ante este monstruo mitológico, pero sobre todo lo acompaña una gran angustia política en este lugar marcado por la degradación absoluta, en medio del fango, hecho de excrementos y vómitos, una figura le reconoce que su ciudad ya rebosa de envidia y que junto a la soberbia y la avaricia son las tres chispas que inflaman los corazones.
Sigue avanzando y cuando llega al lugar donde se castigan a los avaros, el peregrino manifiesta una mezcla de horror ante la violencia monstruosa y de hecho debe intervenir el guía para animar a su discípulo ante la amenaza del custodio del círculo: Papé Satán, papé Satán aleppe, comenzó a decir Plutón con voz ronca. Y el amable sabio, que lo sabía todo, dijo para animarme: No te detenga el temor. Por mucho poder que tenga, no nos detendrá… El peregrino experimenta una conmoción intelectual ante el caos y por encima de todo una profunda angustia existencial al presenciar la degradación de la mente humana; es en este círculo donde entendemos que el cambio repentino de las circunstancias de la vida, incomprensible para nuestra razón, sirve para que entendamos que el mundo no se rige por nuestros planes sino pertenecen a algo superior, divino.

El sexto círculo lugar incluye la laguna Estigia que separa el alto infierno que acaba de recorrer, el mismo donde están condenados los incontinentes, con la Ciudad de Dite que encierra a los pecadores que obraron mal premeditadamente con violencia y malicia, es decir, la razón al servicio del mal, por eso el miedo y la angustia de Dante Alighieri escalan hacia una dimensión desesperante. Ya no se trata solo del horror ante los monstruos, sino de la angustia de la desprotección, el pánico a quedar atrapado en el Infierno y la ira violenta ante el mal. Mientras cruzan las densas y oscuras aguas del pantano en la barca de Flegias, un alma cubierta de lodo emerge violentamente y confronta a Dante gritando: ¿Quién eres tú que vienes antes de tu hora? Dante, al reconocerlo, experimenta una mezcla de asco, rabia y pánico ante la agresividad del espíritu, que intenta volcar la barca con sus manos para arrastrarlo al fango.
Pero el verdadero clímax del terror ocurre cuando la barca llega a las imponentes y ardientes murallas de hierro de la Ciudad de Dite, más de mil demonios caídos custodian las puertas y se enfurecen al ver a Dante vivo. Exigen airadamente que Dante regrese solo por su cuenta a través de los círculos de la muerte, y que únicamente Virgilio se quede allí dentro. Al escuchar la amenaza de quedarse completamente solo y desamparado en el abismo, Dante confiesa que perdió toda esperanza de volver al mundo de los vivos. Su mente se paralizó ante la idea de la soledad eterna en el Infierno; seguidamente, y por primera vez en todo el viaje, el protector de Dante flaquea. Virgilio se aleja para negociar a solas con los demonios, pero las puertas de la ciudad le son cerradas violentamente en la cara, al ver regresar a su maestro con los pasos lentos, los ojos fijos en el suelo y el rostro pálido de frustración, Dante experimenta su mayor angustia espiritual: Si la razón humana (personificada en Virgilio) no es suficiente para vencer las fuerzas del mal, entonces está totalmente perdido. Su única opción es tener fe, en medio de su pánico, por un auxilio divino.

Varados ante las puertas cerradas de la Ciudad maldita, el extremo miedo ya no es solo por el entorno sino por la posibilidad inminente de una condenación mental eterna. Aquí la emoción alcanza su punto más alto de desesperación ya que repentinamente, en lo alto de una torre de la muralla ardiente, surgen tres figuras infernales manchadas de sangre: Megera, Alecto y Tisífone, son las Furias que se desgarran el pecho, se golpean con las manos y dan alaridos tan agudos y espantosos que Dante, petrificado por el horror, se aferra con fuerza al cuerpo de Virgilio buscando protección. El momento de estremecimiento absoluto ocurre cuando las Furias gritan al unísono: ¡Venga Medusa, y lo convertiremos en piedra! La amenaza de la Gorgona representa el peligro del pecado definitivo que petrifica el corazón y la mente del hombre, impidiéndole arrepentirse o avanzar hacia la salvación.
El pánico es tan real que Virgilio no se fía de que Dante mantenga los ojos cerrados por lo que se los cubre con sus propias manos para evitar que una mirada accidental lo condene a quedarse convertido en estatua en el Infierno para siempre. Esta parálisis producto del terror absoluto solo se rompe con un estruendo ensordecedor que hace temblar las dos orillas del pantano: es la llegada del Mensajero Celestial, quien avanza sobre las aguas abriendo las puertas de hierro, devolviéndole la vida y la esperanza. De esta manera, los poetas atraviesan el cementerio de los herejes y descienden al séptimo círculo. Allí el miedo alcanza una escala brutal, física y primitiva al confrontarse con los violentos contra el prójimo, un lugar caracterizado por una geografía devastada por un terremoto apocalíptico y custodiado por el Minotauro, acompañado por los centauros, todos ellos monstruos híbridos que representan la pura ferocidad animal.

Una zona a su vez subdividida, donde luego de encontrarse con los tiranos y homicidas, se entra en una dimensión aún más lúgubre, claustrofóbica y de profundo dolor psicológico, se trata de los que han atentado contra sí mismos. Aquí el poeta no encuentra fuego ni sangre, sino un castigo de una naturaleza perturbadora que desorienta sus sentidos: Yo oía por doquier terribles ayes y no veía a nadie que los lanzase, por lo que me detuve lleno de temor… me detuve acobardado.
En medio de su estado de conmoción por lo que acababa de presenciar, se da cuenta que ha entrado en un ardiente arenal y es allí donde tiene el encuentro con su antiguo maestro: Pues tengo fija en la memoria, vuestra querida y paternal imagen, cuando en el mundo una y otra vez me enseñabais como el hombre se eterniza, y mientras pueda y viva debe proclamarlo mi lengua… a lo cual Brunetto Latini le predice su futuro: Pero aquel ingrato y malvado pueblo… será tu enemigo porque harás el bien… por lo que, sí sigues tu estrella no podrás menos que llegar a tu glorioso puerto.
Su terror al final de este tramo alcanza una triple intensidad: se mezclan el dolor civil por la ruina de su patria, la opresión física ante el abismo al cual se aproxima y el terror absoluto ante la invocación de lo desconocido. Es el momento del gran salto al vacío y para lograrlo los poetas deben abordar el lomo de Gerión, la encarnación misma del engaño: Siempre que la verdad tenga aspecto de mentira debe el hombre cerrar sus labios, mientras pueda, para no ser avergonzado sin culpa. Pero aquí no puedo callarme, y por los versos de esta comedia, lector, te juro… que vi por aquel aire espeso y oscuro moverse una figura allá en lo alto, espantosa aun para el ánimo más firme…
Es aquí, en el lugar donde se encuentran las Fosas Malditas, donde el arrebato de Dante es tremendo: Proxenetas, seductores, aduladores son las primeras almas con las cuales se topan, para luego indignarse profundamente al confrontarse con aquellos que vendieron cargos eclesiásticos y cosas sagradas por dinero. Le siguen los adivinos, magos, astrólogos y falsos profetas y es cuando experimenta una conmoción anatómica: Si Dios te permite, lector, sacar fruto de esta lectura, piensa por ti mismo si yo podía tener secos los ojos cuando vi de cerca la figura humana tan torcida… Lloraba, pues, apoyado en una de las rocas de la dura escollera, cuando mi guía me dijo: ¿Aún eres tú uno de tantos necios?

Luego de lo cual siente pánico a ser despedazado porque ha entrado al lugar donde se castigan a los políticos corruptos que comerciaron con cargos públicos. Es en este lugar donde nuestro héroe se enfrenta a una de las situaciones de mayor peligro de todo su viaje que se intensifica por la paranoia constante, ya que son obligados a caminar bajo la custodia de una cohorte de feroces demonios que no les quitaban los ojos de encima a lo largo de su caminar por la fosa de brea hirviente.
De esta manera, llegamos al último tercio del viaje infernal donde las emociones alcanzan un punto de pánico absoluto. Tras el caos de la fosa de alquitrán, Dante y Virgilio se encuentran completamente solos en el puente de roca, acechados por el peligro inminente de una venganza demoníaca, que se termina de concretar y de la cual escapan milagrosamente: Y como de un pensamiento nace otro, así de aquel siguiose después uno que me dobló el temor primitivo… ya sentía cómo se me erizaban los cabellos de terror y estaba mirando hacia atrás, cuando dije: Maestro, si no haces de modo que nos escondamos pronto tú y yo, me temo que vengan los demonios… Nunca corrió tan rápidamente el agua por la acequia del molino, cuando ya se aproxima más a las paletas, que mi maestro se deslizó de aquella pendiente…
Recuperados del espanto, el poeta realiza un ascenso físico agotador para asomarse en el territorio destinado al castigo de los ladrones y al ver las escenas que allí se desarrollan siente una especie de repulsión corporal y shock psicológico absoluto. Dante es testigo de la pérdida total de la identidad humana a través de mutaciones monstruosas para inmediatamente después, transformar sus miedos en una especie de sobrecogimiento intelectual ante el peligro de la propia soberbia, ya que luego de los ladrones, se encuentran con los consejeros fraudulentos, que usaron su genialidad e intelecto para engañar a los demás: luego de Ulises y Diomedes, conversan con el alma de Guido de Montefeltro.

De esta manera llegamos al territorio destinado al castigo de los sembradores de discordia, escándalo y cisma, donde el poeta es testigo de una carnicería tan brutal que colapsa su capacidad para describirla: ¿Quién podría nunca, ni con palabras no sujetas a rima, describir plenamente la sangre y las llagas que ahora vi, aunque lo intentase varias veces?
Último tramo y aquí el peregrino sufre una especie de parálisis por compasión familiar, así como una profunda repulsión biológica ante la peste. Luego de reconocer a un pariente cercano llegan al territorio destinado al castigo de los falsificadores que sufren enfermedades terribles, evidenciando ellos además una furia rabiosa y descontrolada: La contemplación de tanta gente y tantas heridas agolpaba de tal manera las lágrimas a mis ojos, que estaba deseoso de detenerme a llorar…
Avanzando en la penumbra, el peregrino va experimentando nuevas angustias ya que sus ojos progresivamente van delineando a unos seres colosales: los Gigantes de la antigüedad y de la Biblia, que desafiaron a la divinidad y que ahora custodian el abismo central. Uno de ellos, Anteo, con sus poderosas manos hace de ascensor para llegar al Cocito, un inmenso lago de hielo sólido. Nuestro peregrino queda estupefacto al experimentar el frío extremo y el horror ante la petrificación humana y la crueldad desesperada. En la medida que van cruzando este desierto de hielo va observando a los traidores de sus familiares, de sus huéspedes, de la patria, siendo testigos de los picos de horror más altos del viaje y donde el clímax definitivo ocurre en el centro mismo de la Tierra, en la llamada Judeca, donde se castigan a los traidores a sus benefactores, y es aquí donde el poeta se encuentra cara a cara con el mismo Lucifer, y justamente aquí, observando a Satanás que resume todo el abismo de mal, nuestro y del mundo, caemos en cuenta que se puede salir del Infierno.

Es el descubrimiento decisivo de que el horror no es la última palabra… se confirma un aliento de esperanza, porque es aquí donde empieza a tomar cuerpo lo dicho por el peregrino en el primer canto: Más, para tratar del bien que encontré en ella, contaré otras cosas de las que en ella vi. Y una de esas cosas de bien fue la actividad que llevó a cabo la Asociación Emiliano Romañola del estado Aragua, para conmemorar el día de su diáspora mundial. Esta región de Italia que ha sufrido a lo largo de su historia también tragedias, tanto sísmicas como aluvionales, manda un mensaje de resiliencia y recuperación para llenarnos de fuerza, confianza y motivación para renacer de nuestros escombros y cenizas como el ave Fénix, criatura mitológica que representa el símbolo universal de inmortalidad, purificación y triunfo de la vida sobre la muerte.
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Un sueño que tiene una posibilidad concreta sobre todo después del encuentro que la embajadora de Venezuela en Italia, María Elena Uzzo, sostuvo con el presidente de nuestra región Michele De Pasquale.

Un mensaje de solidaridad, afecto y apoyo además acompañado por la red Dante en el mundo, encabezado por el telegrama que el secretario general, doctor Alessandro Masi desde la misma Sede Central ubicada en Roma le dirigió a la embajadora Venezolana, por lo que podemos cantar alto y fuerte que aunque el miedo nos persiga… que nadie suelte la mano… porque no estamos solos y como nos lo compartió la caballero de la república de Italia y compatriota venezolana, Patricia Aloy: Aguanta, amor, aguanta, porque juntos nos levantaremos y subiremos de nuevo, saliendo de este Infierno para volver a construir nuestro paraíso terreno.
