Mi refugio y mi tormento…


 

Por Mariano Palazzo. Mayo, 2026

Es la forma como la escritora de origen hindú, Arundhati Roy, definió a su formidable y volátil madre: Mary Roy que, como escribe la ganadora del premio Booker (1997), su progenitora además de haber sido un icono feminista fue educadora, defensora de las causas justas, excéntrica y a la vez autoritaria e inspiradora.

En la entrevista concedida a la BBC a través de su corresponsal en la India Sotik Biswas, el 04 de septiembre de 2025, la arquitecto, actriz, guionista y diseñadora de producción no duda en afirmar que su relación con su madre bien podría equipararse a una relación respetuosa entre 2 potencias nucleares, al punto que vivir con su progenitora fue un verdadero acto de supervivencia.

Mary Roy se separa teniendo solo un discreto título en educación y sin embargo logró fundar una escuela en 1967 en Kerala que aún hoy se mantiene activa. Mujer inquieta, luchadora y decidida llegó a ganar un juicio, catalogado como histórico, ante la Corte Suprema de su país; Un caso que perseguía garantizar los derechos de la herencia para las mujeres cristianas. Ni siquiera su enfermedad la amilanaba, padecía de un asma grave y aun así seguía adelante hasta que, en el 2022 a sus 88 años, se despide del plano terrenal.

Su hija, Arundhati, es hoy una reconocida escritora con más de 8 millones de copias vendidas de su primer libro: El dios de las pequeñas cosas, publicado cuando tenía 36 años. Este año regresa a la escena literaria internacional con su nueva producción: Mother Mary comes to me, un crudo relato del vínculo con su madre. Esta publicación fue una especie de catarsis y por eso ella no duda en afirmar que el escribir es lo que la ha mantenido y mantiene viva, que de lo contrario hace rato que hubiese acompañado al ser que le dio la vida.

Arundhati confiesa que ella vive con la derrota, es una defensora de las causas perdidas y siempre eleva su voz para reafirmar que: aunque nadie la escuche y nada cambie ¡no debemos callarnos! porque a pesar de que no ganemos, tenemos que seguir haciéndolo, debemos seguir insistiendo. Una tenacidad que la ha llevado incluso a la cárcel por desacato, además de ser acusada de antinacionalista.

Con el apoyo de su hermano, un exitoso empresario de productos del mar, organizó el lanzamiento mundial de su última producción literaria; la premier fue todo un espectáculo amenizado por joyas musicales como la inolvidable canción: Let it be. Ese déjalo ser que inmortalizaron los Beatles en 1970, no solo formó parte del álbum de despedida de este mítico grupo inglés, sino que con el pasar del tiempo se transformó en un canto a la vida, en una oda para nuestra permanencia en la tierra. Se trata de un sueño que Paul McCartney, en un momento existencial crítico en su vida, tuvo con su madre quien había fallecido cuando el compositor tenía apenas 14 años.

El autor confiesa que esa conversación onírica fue una especie de bendición y que le dio la fuerza y claridad necesarias para encarar las frustraciones a las cuales permanentemente todos, incluyéndole, nos enfrentamos y que escapan de nuestro control. Esa aparición, dice el cantante inglés (elevado al rango de Caballero -Sir- por la Reina Isabel II el 11 de marzo de 1997) le creó la conciencia de que la vida está en constante transformación y por eso mismo es necesario ejercitar la calma, la tolerancia, la paz interior y el perdón.

Los Beatles para ese momento, cuando John Lennon y Paul McCartney compusieron y arreglaron esta inmortal canción, estaban ya en el proceso de separarse, sumado a que eran años muy turbulentos a nivel mundial desde el punto de vista sociopolítico. El viejo orden conservador se enfrentaba a las nuevas corrientes culturales que hacían de la libertad su bandera. En Irlanda, muy cerca de la Inglaterra natal de los integrantes de este grupo, estaba atravesando una guerra religiosa entre protestantes y católicos y paralelamente estaba en su máxima efervescencia la llamada Guerra Fria que las dos grandes potencias ganadoras del segundo gran conflicto mundial mantenían desde 1945 y que se traducía en terribles enfrentamientos como los del Vietnam y/o Corea.

Pero también en EE. UU se vivían grandes tensiones sociales con sus luchas internas contra la discriminación social liderizadas por las llamadas Panteras Negras, destacando figuras como Martin Luther King. Se daban también las primeras exigencias del movimiento LGBT (Lesbian, Gay, Bisexual, Trans) junto a la lucha por la emancipación de la mujer. En esa vorágine y convulsión social que atravesaba el mundo invocando el pacifismo, el perdón y la armonía se encontraba Paul McCartney y de esa selva oscura surgieron estas sublimes palabras:

Cuando tengo momentos difíciles, la Madre María aparece, diciendo sabias palabras: déjalo ser Y en mi hora de oscuridad, permanece delante de mí, diciendo sabias palabras: déjalo ser. Y cuando las personas con el corazón partido que viven en este mundo estén de acuerdo, habrá una respuesta: déjalo ser. Aunque puedan separarse, Todavía hay oportunidad de que lo entiendan, habrá una respuesta: déjalo ser. Y cuando la noche esté nublada, todavía hay una luz que brilla sobre mí, brilla hasta mañana: déjala ser. Me despierto con el sonido de la música, la Madre María viene hacia mí, diciendo sabias palabras: déjalo serLet it be.

Tanto esta canción compuesta por el inglés como la confesión en el libro de la escritora hindú lo que evoca es la unión eterna, el lazo inquebrantable entre madres e hijos, un amor más fuerte que la propia muerte. Y por eso en este mes, cuando por excelencia en el mundo se celebra a la madre, rescatamos estos dos testimonios a confirmación de lo antes dicho.

Estamos claros y es innegable que a la madre se le celebra cada día de nuestras vidas, los 365 días del año, las 24 horas del día, por eso llenos de curiosidad quisimos profundizar más sobre esta efeméride y nos llevamos una sorpresa, aunque en realidad debíamos haberlo supuesto ya, y es el hecho que no hay uniformidad en las fechas, ni motivo igual del como en el mundo se celebra a nuestras progenitoras, empezando por el hecho de que en Venezuela, y en la gran mayoría del mundo occidental se celebra el segundo domingo del quinto mes del año, mientras que en algunos otros países más bien se celebra en una fecha fija, otros en marzo, otros en octubre y sería muy complicado y complejo listarlos todos y cada uno de ellos, pero si quiero resaltar que, siempre en mayo, en Corea del Sur más bien lo que se celebra en realidad es el Día de los padres.

En todo caso remontándonos a la antigua Grecia nos encontramos que en esa Era ya se celebraba a la diosa Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades y posteriormente en Roma durante las festividades religiosas romanas conocidas como “las alegres” (Hilaria, en latín) que se llevaban a cabo en el equinoccio de primavera se celebraba a la diosa Cibeles, la madre universal y no solo de los dioses sino también de los seres humanos y los animales. La antecesora de Cibeles fue la diosa Kubaba, documentada en la Edad del Bronce como la deidad de la naturaleza de toda Asia Menor.

Es fascinante en la medida que uno se adentra en la historia e intenta deshojar sus misterios uno inicia a transitar en una real y verdadera aventura del saber y el descubrimiento; por ejemplo, se lee que aún un poco más atrás, las primeras manifestaciones de homenaje a las madres se encuentran en el mismo Antiguo Egipto donde se rendía culto a la diosa Isis, considerada la gran diosa madre, y mucho tiempo después con la llegada del cristianismo se transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María, la madre de Jesús. En este punto no puedo no recordar la sublime poesía que Dante Alighieri le dedicó en el canto XXXIII del Paraíso:

Virgen madre, hija de tu Hijo, la más humilde y alta de las criaturas, término fijo de la eterna voluntad, tú eres quien la humana naturaleza ennobleciste, de modo que su Hacedor no desdeñó convertirse en su hechura. En tu vientre prendió el amor, por cuyo calor, en la eterna paz, germinó esta flor. Aquí eres, entre nosotros, meridiana luz de caridad, y allá abajo, entre los mortales, fuente viva de esperanza. Mujer, eres tan grande y tanto vales, que quien desea una gracia y no recurre a ti, quiere que su deseo vuele sin alas. Tu benignidad no sólo socorre a quien pide, sino que muchas veces libremente se anticipa a la petición. En ti la misericordia, la piedad, la magnificencia, se reúnen con toda bondad que se pueda encontrar en la criatura. Este, pues, que desde la cavidad más honda del universo hasta aquí ha visto las existencias espirituales una a una, te súplica la gracia de tal virtud, que pueda con los ojos elevarse más arriba, hacia la salud suprema. Y yo, que nunca ardí en deseos de ver más de lo que quiero para él, todos mis ruegos te dirijo y pido que no sean insuficientes para que tú disipes todas las nubes de su condición mortal con tus súplicas, de modo que se descubra el sumo placer.  Aún te ruego, reina, que puedes todo lo que quieres, que conserves sanos, después de tanto ver, los afectos suyos. Venza tu guarda los humanos impulsos. Mira a Beatriz, que con los bienaventurados junta sus manos secundando mi ruego. Los ojos por Dios amados y venerados, fijos en el orante, demostraron cuán gratos le son los devotos ruegos; después se enderezaron a la eterna luz, en la cual no se puede creer que la mirada de ninguna criatura penetre tan claramente. Y yo, que al fin de todos los deseos me aproximaba, puse término como debía a la vehemencia de mi ardor.

Hermosa y extraordinaria dedicatoria a la Madre de todas las cosas, un sentimiento y agradecimiento espiritual compartido incluso con la deidad máxima y principio fundamental de la cosmovisión de los pueblos originarios de los Andes que se conoce como la Pachamama, un término de origen quechua y que representa la naturaleza, toda, como un ser vivo, sagrado y fuente de toda vida, alimento y abrigo e incluso se practica un ritual de agradecimiento donde no le piden que les dé cosas, sino que devuelven y agradecen por lo que ya les ha dado, reconociendo que los seres humanos pertenecemos a la tierra y no al revés.

Esto se relaciona mucho con el término que el científico James Lovelock propuso en la década de los setenta definiendo a la tierra como un súper-organismo que se autorregulaba y lo llamó Gaia en honor a la madre universal de la cosmogonía griega antigua quien era considerada el origen de la vida. Gaia hoy representa a la Madre naturaleza y la interconexión sagrada de todos los ecosistemas y la humanidad.

Regresando a nuestra realidad, el origen contemporáneo de la celebración del día de la madre se remonta a 1865, cuando la poeta y activista estadounidense Julia Ward Howe organizó manifestaciones pacíficas y celebraciones religiosas en Boston buscando la reconciliación, en donde participaron madres de familias que fueron víctimas de la Guerra de Secesión. Por esa misma época, Ann Jarvis, otra activista social de Virginia, viendo el éxito de las convocatorias de Howe, organiza también reuniones, en donde las madres intercambiaban opiniones sobre distintos temas de actualidad. El 12 de mayo de 1905 Ann Jarvis fallece, y su hija para conmemorar su tránsito por el plano terrenal organiza un Día de la Madre que se repetirá cada segundo domingo de mayo y casi inmediatamente comienza una campaña para obtener el reconocimiento oficial que llega finalmente en 1914, cuando el entonces presidente de Estados Unidos de Norteamérica Woodrow Wilson lo oficializa y desde entonces gran parte del mundo occidental así lo celebra. La historia de esta festividad en Venezuela se remonta a 1921, cuando la Sociedad Caridad y Concordia, liderada por el doctor Jesús María Arcay Smith, organizó la primera conmemoración en Valencia el 24 de mayo. En ese entonces, se rendía homenaje a la madre de Dios, a la madre patria y a la madre del hombre, un tributo que resalta las diversas dimensiones de la maternidad.

Ya cerrando quería rescatar al otro gran compositor de los Beatles, John Lennon, quien luego de la disolución del grupo compuso una desgarradora canción que tituló Mother: Madre, tú me tuviste, pero yo nunca te tuve es un doloroso lamento en recuerdo a la trágica pérdida de su progenitora cuando tenía él apenas 17 años, en plena adolescencia, que se suma a la otra frase: Padre, tú me dejaste, pero yo nunca te dejé… John sintió en carne propia las consecuencias de una guerra devastadora y el impacto que sobre el padre tuvo esta, al ser Alf su progenitor, un militar activo y que una vez finalizado el conflicto tuvo consecuencias tremendas en la relación familiar. Mother fue el resultado de años de terapia que le ayudaron a confrontar y liberar sus traumas infantiles más profundos por el abandono de sus padres a través del llanto y el grito, por eso, este artículo que hoy escribo y entrego está dedicado íntegramente a quien por antonomasia representa el amor incondicional, ese afecto que trasciende errores, que brinda seguridad, que transmite valores morales, y que incluso llegamos a utilizar metafóricamente para denotar el origen o la estructura principal de algo: célula madre y/o lengua materna son dos ejemplos de ello.

El vínculo que establecemos, según como lo afirma la psicóloga Dora Inés Grosso, con nuestra madre tiene un impacto profundo y duradero en nuestro desarrollo emocional, cognitivo, espiritual, relacional y físico. Moldea la manera en que nos vemos, como nos relacionamos y como manejamos nuestras emociones… falta palabras para seguir elogiando a las madres, pero quizás una de las más hermosas dedicatorias, y con ello finalmente cierro, la escribió el gran poeta español Miguel de Unamuno en su poema Madre, llévame a la cama:

Madre, llévame a la cama, que no me tengo de pie. Ven, hijo, Dios te bendiga y no te dejes caer. No te vayas de mi lado, cántame el cantar aquel. Me lo cantaba mi madre; de mocita lo olvidé, cuando te apreté a mis pechos contigo lo recordé. ¿Qué dice el cantar, mi madre, qué dice el cantar aquel? No dice, hijo mío, reza, reza palabras de miel; reza palabras de ensueño que nada dicen sin él…

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