Manolo El Gallego es un personaje ilustrado creado por Carlos Dorado, empresario escritor que busca plasmar en cada reflexión de Manolo las vivencias y experiencias adquiridas en su propia vida, hoy en esta gran reflexión resalta el valor de comenzar.
La verdadera disciplina no se demuestra cuando todo va bien, sino en dos momentos claves de la vida, el día que se decide empezar sin tener certezas y los días en que se decide continuar a pesar que todo esté cuesta arriba.
Iniciar un proyecto, un hábito o una meta es romper la inercia, aunque es muy común esperar el “momento perfecto” o sentir la necesidad de estar completamente preparado para iniciar, pero la realidad es que la claridad se encuentra en el camino, no en la línea de salida, nada tarda tanto en llegar como aquello que nunca se inicia. La persistencia ante la dificultad nos hace ir adquiriendo conocimientos, valor y entender cuan importante somos, pero una vez en marcha el entusiasmo inicial posiblemente tiende a disminuir ya que aparecen algunos los obstáculos y es aquí donde la motivación debe ceder su lugar a la disciplina, continuar a pesar de las dificultades es entender que el progreso no es lineal y perfecto; se requiere constancia, paciencia y la capacidad de avanzar un paso a la vez, como quien coloca un ladrillo tras otro con firmeza.
Cuando el cansancio pesa, la solución no es abandonar el objetivo, sino aprender además de buscar el mejor momento y retomar el rumbo, pero lo importante es no parar, al final, los grandes logros no son el resultado de un esfuerzo extraordinario de un solo día, sino de la acumulación de pequeñas decisiones diarias y de no rendirse. El que persiste y mantiene la voluntad de aguantar el tirón, inevitablemente encuentra el éxito.
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