MADRID. – En el Museo Lázaro Galdiano es posible revivir las principales etapas de la historia del arte europeo. Lejos del caos, que normalmente se vive en los sitios más turísticos de Madrid, aquí es posible saborear obras maestras, sumergéndose en una especie de oasis de paz: el edificio que alberga esta extraordinaria pinacoteca y colección de arte, el palacio de Parque Florido, se encuentra rodeado de un jardín encantador.
José Lázaro Galdiano fue editor, bibliófilo y coleccionista de arte. La Fundación Lázaro Galdiano nació tras la muerte del coleccionista, quien cedió sus bienes al Estado. El Museo abrió al público en 1951: desde el principio, se presentó como una de las más célebres colecciones privadas españolas.
¿Por qué este Museo sería tan especial e interesante? La intención de Lázaro Galdiano era crear una colección que fuese capaz de dar a España un impulso hacia nuevos horizontes. Además de un apasionado del arte, el fundador de esta colección puede considerarse un educador. A través de su propia revista, “La España Moderna”, Lázaro Galdiano quería ofrecer una alternativa cultural dirigida a formar una opinión crítica.
Debido a la Guerra Civil, abandonó España para trasladarse primero a París y luego a Nueva York. Cuando regresó a Madrid, en 1945, comenzó a instalar en Parque Florido las obras adquiridas en las dos ciudades extranjeras: un ejemplo de adquisición en los Estados Unidos es el altorrelieve “Madonna Cernazai” de Niccolò di Giovanni Fiorentino.

Lázaro Galdiano fue un polifacético hombre de negocios, en cierto sentido visionario y con una fuerte propensión a aprovechar oportunidades. Por ejemplo supo valorizar las tablas góticas y renacentistas, normalmente subestimadas por sus contemporáneos. Al mismo tiempo vinculó su nombre al arte español de los llamados Siglos de Oro: se pueden admirar en el Museo: un estupendo “San Francisco de Asís”, pintado por El Greco; una fascinante “Cabeza de mujer”, realizada por Diego Velázquez; una suntuosa “Inmaculada Concepción”, firmada por Claudio Coello. Pero, sobre todo, aquí se pueden encontrar obras de un genio de la pintura moderna: hablamos de Francisco de Goya y de obras maestras como “El entierro de Cristo”, “Las brujas” o “Magdalena penitente”.
La colección de Lázaro Galdiano también abarca diferentes estilos y escuelas que se desarrollaron en Europa, a partir de la Edad Media o del Renacimiento; además es posible encontrar obras de los siglos XIX y XX. La escuela flamenca llama la atención por la alegoría y el simbolismo místico de obras como “Visión de Tondal” o “Meditaciones de San Juan Bautista”, firmadas por El Bosco.
La escuela alemana destaca por su sentido didáctico, posiblemente inspirado en la Reforma Luterana, como se puede ver en “El niño Jesús vencedor del Demonio” de Lucas Cranach. La escuela holandesa se caracteriza por el retrato y la naturaleza muerta, mientras la inglesa por el retrato y el paisaje; representa a la escuela francesa una selección de muebles, bronces, platería y porcelanas.

Dos salas del Museo albergan obras pertenecientes a la escuela italiana y que datan de un período comprendido entre los siglos XIV y XIX. En su día, las dos estancias sirvieron de comedor de diario y de salón de billar. Están presentes, en la colección de Lázaro Galdiano, ejemplares creados por talleres de ciudades de arte muy influyentes como Milán, Florencia, Bolonia, Venecia y Nápoles.
Destacan piezas vinculadas a figuras religiosas: “El Salvador adolescente”, atribuido al milanés Giovanni Antonio Boltraffio a partir de un diseño de Leonardo da Vinci; “Bautismo de Cristo” del boloñés Orazio Samacchini y “San Lorenzo” del napolitano Bernardo Cavallino.
Tampoco faltan unos lienzos del famoso artista veneciano Giandomenico Tiepolo. En las dos salas también hay espacio para referencias a la cerámica, representada por cuencos y jarrones, o al clasicismo escultórico de estilo romano. Al respecto cabe subrayar que en 1903, precisamente en Roma, José Lázaro Galdiano se casó con la dama argentina Paula Florido.
Simone Sperduto
