El editor, en su conversación con la “Voce”, analiza los desafíos de la sobreproducción, la distribución y la rentabilidad del libro independiente y reafirma su compromiso con la difusión de nuevas voces literarias en un entorno competitivo en demasía
MADRID – “La industria editorial, en nuestros días, es uno de los sectores más golpeados. En realidad, lo es toda la industria de contenidos. Esta atraviesa una crisis de proporciones preocupantes. Las razones son muchas, pero la principal, sin duda alguna, es la sobreproducción. Hay un exceso de oferta. Hay más gente escribiendo y cada vez más libros publicados. Es el impacto de la tecnología”. David Malavé habla raudo, pero no atropelladamente; con pasión, pero no con efervescencia. Su desasosiego es comprensible. Antes que editor ha sido librero, una profesión que, luego de una vida dedicada con éxito a la psiquiatría, abrazó transformándola en arte. Fundador, junto con su esposa Artemis Nader, de Kálathos, librería convertida en cenáculo por la intelectualidad venezolana, ahora en Madrid ha consolidado el sello como una editorial independiente, logrando tener presencia en espacios de prestigio como la “Feria del Libro de Madrid”.
– ¿De qué manera la tecnología está impactando en la industria editorial?
– Fíjate – nos dice –, la tecnología facilita cada vez más la publicación de libros. Antes, era simplemente impensable editar un libro sin imprimir más de cinco mil ejemplares. Si eran menos, las cuentas no salían. Ahora la tecnología es cada vez más avanzada y ahorrativa. Te permite hacer microediciones de 20, 15, 10 y hasta 5 ejemplares. Eso ha alimentado el fenómeno de la autopublicación y la aparición de editoriales muy, pero muy pequeñas. Todo esto ha provocado una oferta enorme y una crisis profunda del sector. Aun así, sigo pensando que ningún libro está de más.

Quién escribe lo hace porque quiere ser leído. No se conforma con el círculo de parientes y amigos a quienes regalar su ensayo o novela. Quiere más. Y, para obtener más, hay que estar presente en las librerías. Pequeñas o grandes no importa; lo que vale es tener un espacio en sus estantes y si es en los escaparates, mucho mejor. Por eso, preguntamos:
– Es verdad que la autopublicación ha llevado a una sobreproducción, pero… ¿y la distribución?
Sonríe y, al contestar, pone el dedo en la llaga:
– Las empresas de distribución no se dan abasto. Además, no distribuyen libros autopublicados. Estos le sirven al autor para disfrutar de su obra, para regalar a parientes y a amigos, para alimentar su autoestima. Pero, no es eso lo que las empresas distribuidoras toman en cuenta. Estas exigen un número de libros ya publicados. Además, las librerías no te los compran.
Las complejidades del mundo editorial
Frente a nuestras dudas, haciendo gala de mucha paciencia, Malavé explica que el mundo editorial europeo, y en particular el español, es harto complejo. Por ejemplo, “a diferencia de América Latina, que es un mercado ávido de novedades”, no hay “venta por consignación”.
– En Europa, en España, hay demasiadas novedades – comenta –. Si no tienes un distribuidor, si careces de alguien que te coloque el libro no hay manera de entrar en las librerías. El sistema de las ferias es peor. Se exigen 80 títulos publicados en España. Si no los tienes, no te consideran. La Feria de Sevilla, cuyo baremo es menos exigente, te pide 70 títulos. ¿Cómo llegas a tener 70 u 80?
– Debe ser difícil para las pequeñas editoriales…
– Sí – admite sin empacho –. Si eres una editorial pequeña sufres mucho. Te cuesta afiliarte a un gremio para que, a través de este, puedas aspirar a una caseta en una feria. Para tenerla, los requisitos son cada vez más. Por ejemplo, piden un inventario grande y todos los títulos disponibles en la caseta. Nosotros lo hemos logrado. Ahora nos esforzamos para mantenerlo.
Logros que no todos pueden esgrimir. En un entorno tan competitivo, publicar, colocar en las librerías, vender y participar en las ferias no son cualidades que pueda exhibir cualquier editorial. Aún así, no lo es todo. De hecho, de nada sirven si no logras la tan ansiada rentabilidad.
– Es ganancia cero – confiesa Malavé con algo de amargura -. Cuando alguien me pregunta sobre los dividendos yo le digo: “Primero vamos a hablar sobre cómo vamos a distribuir las pérdidas”. Lo digo con responsabilidad: esto es un apostolado. Kalathos – comenta medio en broma y medio en serio – se ha vuelto una ONG. Es un espacio para que la comunidad venezolana tenga la oportunidad de publicar y entrar, a través de nosotros, en este ecosistema complicado y feroz que es el mundo de los libros.

– Imagino que, como editor, cada vez que ves un libro de Kalathos, te llenas de orgullo y satisfacción. Pero es evidente que eso no es suficiente. ¿Cuántos ejemplares deberías vender para que la publicación de una novela, de un ensayo o de un poemario resultara rentable?
– Te voy a ser sincero, tienes razón: con solo vender un ejemplar ya me siento satisfecho. Pero, como dices, no es suficiente. Para obtener ganancias hay que vender en el orden de miles de ejemplares de una novela, de un ensayo o de lo que sea.
Explica que la tajada más grande se la lleva el distribuidor. Es decir, el porcentaje mayor de las ganancias va a quien coloca los libros. Otra parte significativa va a quien vende: la librería.
Reconoce que, para las pequeñas editoriales, el distribuidor es un mal necesario.
– Es el que permite que tus libros estén en las librerías de Galicia, del País Vasco, de Alicante o de las Islas Baleares. Las grandes editoriales, como Planeta, han construido una industria vertical. Cubren todos los sectores. Las pequeñas, como el caso de Kalathos, se mantienen con estoicismo. Se han vuelto un nicho de calidad, pero no ganan. Lo que ha ocurrido con nosotros ha sido un verdadero milagro.
Frescos de imprenta
La recién Feria del Libro de Madrid, la cuarta edición en la que participa la Editorial Kalathos, desde siempre ha sido el escaparate de la industria del libro. Es tradicionalmente la ocasión para que los escritores se acerquen a sus lectores y para que las editoriales puedan dar a conocer sus novedades. Por dos semanas, en la caseta de Kalathos se han alternado plumas refinadas que han compartido con sus amigos, lectores y curiosos. También han aprovechado para presentar su nueva producción literaria. Malavé nos cuenta que “uno de los requisitos para estar presente con una caseta en la feria es tener un mínimo de cinco nuevos títulos”. Le pedimos que nos precise cuáles son los de Kalathos y por qué recomendaría su lectura. Es una invitación que Malavé no se hace repetir. Nos comenta que, en esta ocasión, Kalathos, entre otros, ha presentado “un par de novelas cortas, poemarios, un libro de humor y un ensayo muy interesante”.

– Las novelas cortas, “La Daga y La Máscara” – nos dice –, son de Edilio Peña, dramaturgo y novelista venezolano. Son excelentes. Abarcan el género “noir”. La trama se desarrolla en el mundo sórdido de los policías, de los detectives, de la lucha libre y de la prostitución. En fin, de los bajos fondos. El protagonista, a quien le toca investigar casos de misterio e intriga, es una mezcla de vengador popular y justiciero. Las novelas tienen una estética de cine “noir” y de comics de los años 50 y 60. Las historias se desarrollan en el marco de una Venezuela muy peculiar, cuyos problemas nos son harto conocidos.
Otra novedad que nos señala Malavé es un libro de poesía de Karín Taylhandat, una intelectual, guionista y narradora muy respetada en los círculos literarios venezolanos.
– Escribió “Petricor” – comenta – un libro bellísimo.
Nos explica que el término “petricor” deriva de la unión de las palabras griegas “Petra”, que quiere decir piedra, y “ichor”, que se refiere al fluido que, de acuerdo con la mitología griega, corría por las venas de los dioses.
– “Petricor” – apunta – indica el aroma que se desprende de la tierra húmeda, después de la lluvia. La obra de Taylhandat está estrechamente relacionada con su experiencia en el sur de Venezuela; con su vida entre los “pemones”, un pueblo indígena que habita la Gran Sabana. Ella pasó una temporada con ellos para conocer su cultura. La obra está escrita con elegancia y vuelo poético.
Otro poemario, que enriquece el catálogo de Kalathos, es “Absoluto” de la poeta, ensayista, crítica literaria y figura clave de la poesía contemporánea venezolana, Marín Antonieta Flores.
– El suyo es un trabajo excelente sobre cómo vivir la cotidianidad. Santa Teresa de Ávila decía que se encontraba a Dios también trabajando en la cocina, ordenando el convento y cocinando para los menesterosos. María Antonieta Flores hace un poco de eso. Desde su vida en Caracas, una ciudad en la que se vive en la precariedad permanente logra conectar con emociones muy profundas y transmitirlas al lector.
De los poemarios al libro de humor. Malavé nos habla de “Confesiones de un Travestí” de Gilberto González, periodista y humorista, quien alcanzó la notoriedad imitando en la voz, en los gestos y en la manera de vestir a la polémica periodista Marta Colmina.
– “Confesiones de un Travesti”, contrariamente a lo que algunos podrían pensar, son las confidencias de un impostor, de alguien que asume la personalidad de otra persona. Es el caso de Gilberto González con su imitación de Marta Colomina.
Por último, pero no por ser menos importante, “Y la Casa Venció a las Sombras”, el ensayo de Giuseppe Giannetto, quien fuera rector de la Universidad Central de Venezuela.
– Es un libro de corte político – precisa –. En “Y la Casa venció a las Sombras”, nuestro queridísimo Giuseppe Giannetto cuenta un de las vicisitudes que le tocó vivir siendo rector de nuestra “Alma Mater”. Se trata del intento del régimen de hacerse de la Universidad Central de Venezuela. Logró que el plan naufragara sin recurrir a la violencia, empleando el arma de la razón, de los argumentos y de la Ley. Todas estas – concluye – son lecturas que recomiendo ampliamente.
Mauro Bafile
