El presidente del Gobierno impugna la autoridad moral del líder de la oposición y defiende la solidez de la legislatura frente a las exigencias de adelanto electoral.
MADRID – El hemiciclo del Congreso de los Diputados ha albergado una sesión de control al Gobierno caracterizada una vez más por un clima tenso y un lenguaje agresivo y . El presidente del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, han sostenido un enconado duelo dialéctico en el pleno de la Cámara Baja. Esta confrontación política ha coincidido con una coyuntura jurídica de especial vulnerabilidad para las filas socialistas. En la Audiencia Nacional prestaba declaración el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en calidad de investigado.
Lejos de adoptar una postura de repliegue defensivo ante la contundenza de los reproches, el presidente del Gobierno articuló una enérgica respuesta. La intervención de Pedro Sánchez se convirtió en el eje político de la jornada parlamentaria. El jefe del Ejecutivo recusó la legitimidad ética del líder de la oposición para fiscalizar la integridad del Gabinete. De este modo, procedió a recordar la hoja de servicios judicial que arrastra el Partido Popular.
El presidente del Gobierno impugnó la pretendida superioridad moral del dirigente gallego al señalar:
“No deja de sorprender la atalaya moral desde la que Feijóo se convierte en un Torquemada de la vida, habiendo sido designado presidente del PP para tapar la corrupción de la señora Ayuso y sentándose en la sede de un edificio financiado en B”.
Asimismo, el jefe del Ejecutivo censuró el proceder parlamentario de la principal fuerza de la oposición. A su juicio, el Grupo Popular ejerce una “oposición destructiva” que antepone el desgaste institucional al interés general de la ciudadanía. Como contraesempio a esta estrategia, Sánchez esgrimió el nuevo real decreto ley de protección socioeconómica que el Consejo de Ministros validará a finales de junio. Este plan de contingencia extenderá el escudo social para salvaguardar el tejido productivo nacional ante las turbulencias geopolíticas derivadas de la crisis en Irán. El líder del PSOE emplazó a los diputados conservadores a respaldar este marco legislativo si verdaderamente aspiran a “dignificar la política en este país”.
Sánchez aprovechó su turno de palabra para proyectar un mensaje de estabilidad institucional y solvencia ejecutiva frente a los vientos de inestabilidad. El presidente enfatizó que no alterará el calendario democrático general a pesar de la presión ejercida por el bloque de la oposición. Ratificó con absoluta firmeza que “las elecciones se van a celebrar” en el año 2027, garantizando el agotamiento temporal de la actual legislatura. Además, defendió los indicadores de progreso acumulados desde su moción de censura en 2018, aseverando que la España contemporánea es un país “indiscutiblemente” mejor.
La respuesta presidencial se produjo de forma inmediata a la alocución de Alberto Núñez Feijóo, caracterizada por un marcado tono de censura institucional. El presidente del Partido Popular centró su ofensiva en la reciente resolución de la Mesa del Congreso. Este órgano, merced a la mayoría del PSOE y Sumar, inadmitió a trámite las iniciativas legislativas del PP y Junts. Dichas enmiendas pretendían forzar un debate plenario encaminado a exigir la disolución anticipada de las Cortes Generales.
Este bloqueo administrativo motivó una severa amonestación por parte de Feijóo, quien se dirigió al jefe del Ejecutivo en términos muy duros
“Usted – dijo al presidente Sánchez – es un cobarde. Usted le tiene miedo a la democracia. Era lo que nos faltaba. Ya no es que no quiera que votemos en urna, sino que además no quiere que votemos en el Congreso. No tiene derecho a amordazar el Parlamento. Usted no es un demócrata”.

El líder de la oposición instrumentalizó los sumarios judiciales que cercan al entorno del Palacio de la Moncloa para socavar la base política del Gobierno. Pronosticó que Sánchez pasará a la posteridad por ser “el presidente con más sospechas de corrupción de la democracia española”. En su argumentación, Feijóo vinculó la situación procesal de Begoña Gómez, esposa del presidente, con las pesquisas abiertas sobre Rodríguez Zapatero. Sobre este último, ironizó al catalogarlo como el antiguo “faro moral” del sanchismo. Concluyó su intervención empleando el sarcasmo político al reproducir una locución que Sánchez utilizó en el pasado contra él: “Si yo fuera una mala persona, sólo le diría una cosa: Ánimo, Pedro”.
Más allá de la enconada polarización escenificada entre los dos principales líderes nacionales, la sesión registró un aviso cualitativo para la gobernabilidad del Estado. La portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV), Maribel Vaquero, advirtió al Ejecutivo de que el sostén de su mayoría de investidura acusa un progresivo desgaste. Vaquero constató de manera solemne que la acción gubernamental “está acabando con la fe de este grupo parlamentario”.
La diputada jeltzale conminó a Sánchez a presentar de inmediato el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para asegurar la viabilidad de la acción pública. El PNV formuló un ultimátum nítido ante la evidente debilidad legislativa que exhibe la coalición de gobierno:
“Si no consigo un acuerdo suficiente en esta Cámara, disuélvala y convoque elecciones”.
Tras la advertencia de su socio de investidura, Sánchez manifestó su plena disposición a articular consensos con las fuerzas dispuestas a la concertación. El presidente reiteró su voluntad de culminar el mandato para asegurar la gestión de los fondos de recuperación europeos y materializar la aplicación plena de la ley de Amnistía.
Redacción Madrid
