El Parlamento se divide mientras los enfermos continúan buscando respuestas en el extranjero – Entre los principales puntos de desencuentro permanece el papel que debería tener el Servicio Sanitario Nacional en el eventual proceso de suicidio médicamente asistido.
MADRID.- El debate sobre el final de la vida vuelve al centro del enfrentamiento político italiano, pero una vez más sin llegar a una decisión definitiva. De hecho, el Senado ha bloqueado el examen del proyecto de ley presentado por el senador del Partito Democratico Alfredo Bazoli y respaldado por toda la oposición, al aprobar con 88 votos a favor y 59 en contra una cuestión suspensiva propuesta por Fratelli d’Italia. La medida regresa así a las comisiones de Justicia y Sanidad de Palazzo Madama, donde ya está en discusión el texto elaborado por la mayoría.
Una decisión que ha encendido inmediatamente la polémica política y que llega en una jornada particularmente simbólica: aquella en la que se ha hecho pública la historia de Lucia, una mujer de 80 años de Trieste que ha tenido que viajar a Suiza para acceder al suicidio asistido tras la negativa recibida por parte del sistema sanitario de su región.
El regreso a la comisión y el enfrentamiento político
Para la oposición, el aplazamiento representa de hecho la enésima postergación de una ley esperada desde hace años y corre el riesgo de comprometer definitivamente la aprobación de una normativa antes del final de la legislatura.
“No tomemos el pelo a los italianos”, declaró Alfredo Bazoli durante el debate en el Pleno. “Falta aproximadamente un año para el final de la legislatura. Volver hoy a la comisión significa hundir la medida”.
Durísima también la secretaria del Partito Democratico, Elly Schlein, quien ha acusado al centro-derecha de no querer afrontar el tema.
“Es vergonzoso e indigno que la derecha haya hundido una propuesta firmada por toda la oposición. La verdad es que no quieren una ley que garantice un final de vida digno”.
En la misma línea se sitúa el Movimento 5 Stelle. El portavoz en el Senado, Stefano Patuanelli, ha hablado de una mayoría que “continúa mirando hacia otro lado”, mientras que el secretario de +Europa, Riccardo Magi, ha definido el aplazamiento como “el enésimo bofetón a las personas que sufren y a sus familiares”.
También Azione, Italia Viva y Alleanza Verdi e Sinistra han protestado contra la decisión, acusando al centro-derecha de utilizar instrumentos procedimentales para evitar un debate abierto sobre una cuestión que afecta a los derechos fundamentales y a la autodeterminación.
La posición de la mayoría
La mayoría rechaza, sin embargo, cualquier acusación de obstruccionismo.
La presidenta de los senadores de Forza Italia, Stefania Craxi, ha asegurado que el regreso a la comisión “no es una estrategia dilatoria”, sino un paso necesario para construir una síntesis más amplia.
“Se necesita un texto que incluya todo y a todos. Es más fácil hacer declaraciones ante las cámaras que construir soluciones”, afirmó.
Según el centroderecha, el texto de Bazoli no sería capaz de reunir un consenso transversal y por este motivo se prefiere trabajar en el proyecto de ley preparado por los ponentes Pierantonio Zanettin (Forza Italia) e Ignazio Zullo (Fratelli d’Italia), para el cual el plazo de presentación de enmiendas se ha fijado para el 9 de junio.
También el presidente de la Comisión de Sanidad del Senado, Franco Zaffini, de Fratelli d’Italia, ha reiterado que el objetivo es “dar cumplimiento a las sentencias del Tribunal Constitucional sin traspasar los límites hacia la eutanasia o el homicidio consentido”.
El presidente del Senado, Ignazio La Russa, ha defendido la elección del Pleno invocando el principio de la soberanía parlamentaria.
“El Parlamento es soberano. Yo he hecho mi trabajo convenciendo a todos de que era correcto llevar el texto al Pleno. Después, la democracia es esto y no puedo lamentar una decisión tomada por el Senado”.
El problema del Servicio Sanitario Nacional
Entre los principales puntos de desencuentro permanece el papel que debería tener el Servicio Sanitario Nacional en el eventual proceso de suicidio médicamente asistido.
La propuesta respaldada por la oposición prevé una implicación directa de la sanidad pública, en línea con lo indicado por las sentencias del Tribunal Constitucional.
Una parte significativa de la mayoría, en particular Fratelli d’Italia, considera en cambio problemático confiar al sistema sanitario público un papel operativo.
“El Servicio Sanitario Nacional no puede convertirse en un proveedor de muerte”, sostienen los miembros más conservadores de la coalición.
Forza Italia estaría trabajando en una mediación que permitiría la participación voluntaria y gratuita de médicos de medicina general, previendo también formas de objeción de conciencia. Una propuesta que, sin embargo, continúa despertando dudas tanto políticas como jurídicas.
La historia de Lucia y el viaje hacia Suiza
Entre estas personas se encuentra Lucia, una mujer triestina de 80 años afectada por una grave enfermedad neurodegenerativa.
Desde 2021 su condición se había agravado progresivamente. Ya no era capaz de caminar de forma autónoma y necesitaba asistencia continua para las actividades cotidianas.
In agosto de 2025 había solicitado formalmente a la sanidad del Friuli Venezia Giulia la verificación de las condiciones previstas por la sentencia Cappato-Dj Fabo del Tribunal Constitucional para acceder legalmente al suicidio asistido en Italia.
Tras las evaluaciones médicas, sin embargo, la solicitud fue rechazada. Según la empresa sanitaria, Lucia no dependía de tratamientos de soporte vital, requisito exigido por la normativa derivada de la jurisprudencia constitucional.
Asistida por la asociación Luca Coscioni, la mujer había presentado un requerimiento formal y solicitado una reevaluación del caso. Tras meses de espera y sin recibir una respuesta definitiva, eligió acudir a un centro suizo.
El viaje fue de más de 700 kilómetros de longitud.
Según lo relatado por los activistas que la acompañaron, durante el trayecto hacia Zúrich Lucia quiso escuchar y cantar “Terra Promessa” de Eros Ramazzotti. Pocas horas después tuvo acceso al suicidio asistido.
Antes de morir había expresado un único gran pesar: no haber podido concluir su propio camino junto a su familia y en su propio país.
Una cuestión aún irresuelta
La historia de Lucia no es un caso aislado.
En los últimos años, diversos ciudadanos italianos, afectados por patologías irreversibles y sufrimientos considerados insoportables, han elegido viajar a Suiza para obtener lo que en Italia no han logrado conseguir.
Entre ellos se encontraban también Martina Oppelli, enferma de esclerosis múltiple, y Sibilla Barbieri, afectada por un cáncer terminal.
El Tribunal Constitucional, con la histórica sentencia de 2019 nacida del caso Cappato-Antoniani, identificó condiciones precisas bajo las cuales el suicidio asistido no es punible. Sin embargo, el Parlamento, a años de distancia, todavía no ha logrado traducir esas indicaciones en una ley orgánica y uniforme.
Precisamente este vacío normativo continúa alimentando enfrentamientos políticos, interpretaciones divergentes por parte de las empresas sanitarias y profundas diferencias territoriales en el acceso a los procedimientos.
El riesgo de un nuevo aplazamiento
La mayoría asegura que quiere llegar a una propuesta consensuada y llevar de nuevo el texto al Pleno antes del verano. La oposición, en cambio, teme que el regreso a la comisión pueda transformarse en el enésimo aplazamiento destinado a arrastrarse hasta el final de la legislatura.
El debate se reanudará en los próximos días con la presentación de las enmiendas al texto de la mayoría. Pero más allá de las dinámicas parlamentarias, sigue abierta una cuestión que afecta a miles de personas y a sus familias: la de poder elegir, bajo reglas ciertas e iguales para todos, cómo afrontar la última fase de su propia vida.
Mientras el Parlamento continúa discutiendo, para algunos enfermos el tiempo de la espera no coincide con el de la política. Y precisamente esta distancia entre los tiempos de las instituciones y los del sufrimiento representa hoy el corazón del debate sobre el final de la vida en Italia.
