Italia bajo presión climática


Aumentan las muertes por el calor – El cambio climático ya no es una amenaza futura – España acelera en resiliencia y transición verde – El clima amplifica las desigualdades


MADRID.- Alarma ante una serie de estudios y reportes internacionales que fotografían una situación cada vez más crítica. El dato más impresionante está contenido en el último informe del Lancet Countdown on Health and Climate Change: a nivel global, las muertes relacionadas con el calor entre los mayores de 65 años han aumentado un 167% respecto a los años noventa. Sin el calentamiento global, el aumento se habría detenido en el 65%. La diferencia representa el coste humano directo de la crisis climática.

El 2024 ha sido el año más cálido jamás registrado, con temperaturas medias superiores en 1,5 grados respecto a la era preindustrial, el umbral que el Acuerdo de París se había fijado como objetivo no superar.

Italia: el calor mata cada vez más

En Italia la situación es particularmente preocupante. Según los estudios epidemiológicos más recientes, cada ciudadano ha estado expuesto de media a 46 días de olas de calor solo en 2024. Entre 2012 y 2021 se registraron unas 7.400 muertes al año atribuibles a las altas temperaturas, más del doble en comparación con los años noventa.

Las ciudades representan el punto más vulnerable. Las llamadas islas de calor urbano —generadas por el asfalto, el cemento y las superficies oscuras que acumulan energía durante el día y la liberan durante la noche— transforman muchos barrios en verdaderas trampas térmicas.

Quienes pagan el precio más alto son, sobre todo, los ancianos solos, las personas con patologías crónicas, las familias de bajos ingresos, los niños y los ciudadanos que viven en barrios carentes de zonas verdes urbanas.

Según el informe europeo del Lancet Countdown, los impactos sanitarios de la crisis climática golpean de manera profundamente desigual. Las zonas más pobres y las categorías socialmente frágiles son también las menos protegidas frente a los efectos de las temperaturas extremas.

El clima amplifica las desigualdades

La crisis climática no es solo una cuestión ambiental. Es ya una cuestión de justicia social.

Lo destacan los propios investigadores europeos: las mujeres registran una mortalidad por calor que duplica a la de los hombres; las familias económicamente vulnerables están más expuestas a la inseguridad alimentaria; las zonas más desfavorecidas resultan mayoritariamente afectadas por los incendios y por la contaminación atmosférica.

El Mediterráneo, y en particular la Europa meridional, es una de las zonas más expuestas a las olas de calor, a la sequía, a los incendios forestales, a la inseguridad alimentaria y a la desertificación. En este contexto, Italia se encuentra en primera línea.

Las ciudades italianas buscan soluciones, pero siguen retrasadas

Por primera vez, el proyecto nacional Climactions, coordinado por el Departamento de Epidemiología de la ASL Roma 1 (Agencia Sanitaria Local) y financiado por el Ministerio de la Salud, ha intentado cuantificar el número de vidas que podrían salvarse mediante intervenciones urbanísticas específicas.

El estudio, realizado en Turín, Génova, Bolonia, Roma, Bari y Palermo, demuestra que reducir la temperatura urbana apenas 1-2 grados podría disminuir significativamente la mortalidad estival.

Las soluciones existen y son: el aumento de las zonas verdes urbanas, superficies reflectantes, arbolado en las calles, patios escolares sombreados y refugios climáticos públicos.

Sin embargo, en Italia las intervenciones estructurales siguen siendo episódicas y fragmentadas.

Turín: la prevención llega a los barrios

Turín representa uno de los modelos más avanzados.

La ciudad ha activado 19 centros climatizados de acceso libre, asistencia domiciliaria para ancianos vulnerables, teleasistencia, entrega de medicamentos y comidas, así como carpas sanitarias itinerantes en los barrios con médicos y estudiantes universitarios.

El objetivo es atender a las personas más vulnerables antes de que el calor provoque consecuencias graves.

Génova rompe el asfalto

Génova, en cambio, ha elegido una vía innovadora: la despavimentación.

A través del proyecto Biofear se están eliminando superficies asfaltadas e impermeables para devolver espacio al suelo natural, favorecer la absorción del agua y reducir las temperaturas urbanas.

Son intervenciones importantes, pero todavía insuficientes en comparación con la velocidad a la que el clima está cambiando.

El contraste con España es inevitable.

En los últimos años Madrid, Barcelona y muchas otras ciudades españolas han desarrollado estrategias de adaptación climática más avanzadas en comparación con la media italiana.

Barcelona ha creado una red de unos 400 refugios climáticos públicos, distribuidos en los barrios más expuestos. París sigue una estrategia similar con más de 800 patios escolares transformados en oasis urbanos estivales, pero España se ha convertido en uno de los referentes europeos para la gestión de las olas de calor.

También en el plano de la política energética Madrid está obteniendo mejores resultados.

Según el Climate Change Performance Index 2026, España asciende al 14º puesto mundial, ganando cinco posiciones gracias al crecimiento de las energías renovables y a políticas climáticas consideradas más eficaces.

Italia, por el contrario, desciende al 46º puesto, perdiendo tres posiciones respecto al año anterior y nada menos que diecisiete en comparación con 2022.

El retraso italiano

Las razones de la retrocesión son claras. Italia continúa presentando una política climática juzgada como ampliamente insuficiente.

La actualización del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima prevé una reducción de las emisiones del 44,3% para 2030, inferior tanto a los objetivos europeos como a los compromisos previamente anunciados.

La cuota de energía procedente de fuentes renovables se queda además en el 19,6%, muy lejos del 39,4% previsto. Según el ISPRA, para alcanzar los objetivos fijados el ritmo de crecimiento de las renovables tendría que cuadruplicarse.

Un país cada vez más frágil

La crisis climática no se manifiesta solo a través del calor.

En 2025 Italia registró 376 eventos meteorológicos extremos, entre inundaciones, tormentas, desprendimientos de tierra y olas de calor. Un aumento del 5,9% respecto al año anterior.

Mientras tanto, el consumo de suelo continúa avanzando; la disponibilidad de agua disminuye y las infraestructuras muestran crecientes signos de vulnerabilidad.

La paradoja es evidente: todavía llueve mucho, pero el agua disponible disminuye porque las precipitaciones son cada vez más violentas y concentradas, incapaces de alimentar los acuíferos y las cuencas.

La alarma de Legambiente

En Paestum, durante lo Youth Climate Meeting, más de 400 jóvenes procedentes de toda Europa y de Palestina han lanzado un nuevo llamamiento.

Según los datos del Observatorio Ciudad Clima de Legambiente, el país continúa mostrándose impreparado ante el aumento de los eventos extremos.

Los activistas piden mayores políticas de adaptación; aceleración en las energías renovables; reducción de la dependencia de los combustibles fósiles e inversiones en la resiliencia urbana.

El eslogan elegido sintetiza el mensaje de la movilización: “La paz es renovable, la guerra es fósil”.

El efecto El Niño corre el riesgo de agravar el panorama

Como si no fuera suficiente, la Organización Meteorológica Mundial advierte que existe una probabilidad superior al 80% de que el fenómeno El Niño se desarrolle con intensidad moderada o fuerte en los próximos meses.

El calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico podría amplificar aún más las olas de calor, la sequía, las precipitaciones extremas y la inestabilidad climática global.

Europa no sufre efectos directos, pero contribuye de todos modos al aumento de las temperaturas globales.

El verdadero desafío

El punto central ya no es comprender si el cambio climático afectará a Italia. Ya lo está haciendo.

La cuestión es si el país sabrá pasar de una lógica de emergencia a una estrategia estructural de adaptación.

Porque la defensa más eficaz contra el calor no es el aire acondicionado encendido cuando la alarma ya ha saltado, sino ciudades proyectadas para proteger a las personas, infraestructuras pensadas para resistir a los nuevos extremos climáticos y una política energética capaz de reducir de verdad las emisiones.

Mientras España está demostrando que una transición más rápida es posible, Italia corre el riesgo de pagar un precio cada vez más alto en términos de salud pública, competitividad económica y calidad de vida.

Y la cuenta, año tras año, continúa creciendo.

(Traducción elaborada con el auxilio de la IA)

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