Pobreza, aislamiento y sueños a medias: Save the Children denuncia el drama de los menores en las periferias vulnerables
MADRID.– Nacer y crecer en un barrio u otro puede marcar para siempre el destino de un niño. En Italia, el callejero de una gran ciudad se traduce con demasiada frecuencia en una barrera invisible pero insalvable, capaz de negar derechos, educación y futuro. Esta es la radiografía nítida y dolorosa tomada por Save the Children en el informe “Los lugares que cuentan”, publicado con motivo de “Impossibile”, la Bienal de los derechos de la infancia y la adolescencia. En las catorce principales ciudades metropolitanas italianas, uno de cada diez menores —cerca de 142.000 niños y adolescentes— vive confinado en una de las 158 Áreas de Desventaja Socioeconómica Urbana (ADU) identificadas por el Istat (Instituto Nacional de Estadística).
La trampa de la pobreza y el abandono escolar
En el interior de estos enclaves de marginalidad, el 42,3% de las familias vive en condiciones de pobreza relativa. Un dato dramático que repercute de forma inmediata en la trayectoria educativa de los más jóvenes. En las zonas vulnerables, más de uno de cada siete estudiantes (el 15,4%) ha abandonado los estudios o ha repetido curso: una tasa que duplica la media de esas mismas ciudades.
La pobreza educativa material también se hace notar antes de que suene el timbre: el 16,7% de los jóvenes admite no haber tenido los libros o los cuadernos necesarios al inicio del curso, y el 17,3% ha tenido que renunciar a una excursión escolar porque sus padres no podían costearla. Esta disparidad se refleja en las aspiraciones: solo el 36,5% de los jóvenes de las periferias contempla matricularse en el bachillerato (liceo), frente al 66,9% de los chicos de su misma edad que residen en los barrios más acomodados.
Estigma, miedo y el ejército de los Neet
Crecer en los márgenes significa también enfrentarse al prejuicio y a la inseguridad. Casi la mitad de los encuestados (49,1%) percibe que su propio barrio es juzgado negativamente por los “demás”. Un aislamiento que también se vuelve físico: solo una de cada dos chicas se siente segura cuando camina por la calle cerca de su casa, frente al 75% de las jóvenes de su misma edad de las zonas céntricas. El riesgo de caer en la exclusión social es altísimo: entre los 15 y los 29 años, la tasa de quienes ni estudian ni trabajan (los llamados Ninis) se dispara hasta el 35,6%.
La petición de los jóvenes: «Queremos espacios para nosotros»
A pesar de las dificultades, los jóvenes de las periferias expresan un fuerte sentido de pertenencia y tienen las ideas claras sobre cómo mejorar su realidad. Piden calles más limpias (54,2%), pero sobre todo más espacios de encuentro y socialización (32,6%), parques cuidados, gimnasios y canchas deportivas.
«Un país en el que el destino de un niño depende del barrio en el que nace es un país que no invierte en su propio futuro», ha declarado Daniela Fatarella, directora general de Save the Children. La organización reclama una estrategia nacional de regeneración urbana y la creación de centros socioeducativos permanentes en los territorios vulnerables: lugares seguros y acogedores para el deporte, el arte y el apoyo psicológico, activos durante todo el año para ofrecer a cada menor, nazca donde nazca, las mismas oportunidades de salir adelante.
(TRADUCCIÓN CON IA)
